GENESIS
PARTE II
01 de Enero, 2012, Ciudad de México.
“Nunca hay nada que ver, siempre son la mismas películas para niños, odio los días festivos…”, pensaba Mauricio mientras cambiaba de canal, pues toda la madrugada del primero de Enero no había podido dormir, ya que había tenido un mal presentimiento y solía olvidar sus problemas jugando alguno de sus tantos videojuegos u observando el televisor.
Mauricio esperó a que el sol despuntara para encender el ordenador, el cual se encontraba en el cuarto de Eduardo, uno de sus dos hermanos, el cual desde hacía un par de años vivía en Querétaro, de vez en cuando iba y venía, por lo cual su madre no había querido deshacer su cuarto.
La maquina tardo en encender, así que aprovechó y le sirvió croquetas en su platón a Paki, quien se mostraba inquieta, pues siempre que alguien despertaba, era la primera que corría a hacerles fiesta.
Una Noche antes…
Mauricio se encontraba observando el televisor, mientras todos en la casa le ayudaban a María Teresa con los preparativos del festejo, por lo que en repetidas ocasiones le habían pedido ayuda, pero este se negaba sin decir nada.
Teté, la abuela se levantó a duras penas del sillón para dirigirse al baño, y Mauricio, al ver eso, se adelantó a ayudarle.
“Con cuidado abuelita.”, dijo él, mientras la tomaba del brazo.
“Si mijito, no te preocupes.”, dijo ella, a lo que él agregó: “No te veo animada por el festejo de año nuevo.”, así que Teté respondió: “No me gustan las celebraciones, no me gusta que venga gente a la casa y vean todo tirado y en desorden, yo solo quiero estar en paz, no quiero ver a nadie, ya estoy vieja para estas cosas.”, “Lo sé abuela, estoy de acuerdo contigo.”, dijo Mauricio.
Paki, quien se encontraba inquieta por que nadie le hacía caso, se postró en el centro de la sala y se orinó, cosa que le molestó de sobremanera a María Teresa y a Gabriel, quien corrió y la tomó por la correa, diciendo: “Tenías que lucirte, estas castigada, vete para afuera.”, acto seguido la condujo al patio, pero Mauricio se acercó y dijo gritando: “Déjala en paz, ella no tiene la culpa de que ustedes estén apresurados con esto, es un animal, así que no la involucren en sus festejos.”.
Gabriel soltó a la perrita y prefiriendo no discutir se dio la media vuelta, mientras que su madre llevaba algunos periódicos para limpiar aquel lugar.
“No seas tan agresivo hijo, este día es para estar juntos como familia.”, dijo María Teresa, a lo que su hijo menor contestó: “El empezó, debería tener más respeto por lo que significa una familia, Paki es de la familia, mi abuelita también y nadie le preguntó si estaba de acuerdo con la cena de año nuevo.”.
“Hacemos esto año tras año Mau.”, dijo su madre, pero el no respondió, simplemente se encerró en su cuarto, mostrando poco interés en aquellas celebraciones mundanas.
01 de Enero de 2012…
“Ya nos vamos Mauricio, si hablan por teléfono toma el recado, yo regreso como a las 12”, dijo su Madre, quien se alistaba para ir a tomar su café del diario junto a la Abuela.
“¿Hoy va a haber servicio?”, preguntó Mauricio, a lo que su Madre le contesto: “Si, va a haber un evento especial en el café” y dicho esto, la Madre y la Abuela se marcharon como cada mañana.
Mauricio entró a su correo electrónico y a su servicio de mensajería instantánea, cuando
de repente, al voltear a ver el monitor, vio que había una noticia en la página principal de su correo electrónico, el anuncio decía: “Fuertes terremotos en año nuevo azotan el norte del continente, se ha registrado gran actividad sismológica en Los Ángeles, San Diego, San Francisco, Tijuana, Mexicali, Los Cabos y Hermosillo. No se sabe si la actividad prosiga a través de la falla de San Andrés.”.
Mauricio presentía que algo andaba mal, fue entonces que el teléfono comenzó a sonar.
Al contestar, escuchó una voz grave que le dijo: “Salgan de la casa…”, pero antes de que pudiera finalizar de escuchar, la línea murió y todo comenzó a tambalearse…
Paki comenzó a ladrar, cuando de repente Mauricio cayó al suelo de manera violenta, pues el temblor parecía que acabaría con todo cuanto estuviera de pie.
Mauricio se reincorporó rápidamente mientras trataba de hacerse camino por el pasillo para después sujetar la correa de Paki, así que los dos bajaron por las escaleras, mientras las paredes parecían ser naipes apilados, empujados por el viento.
Una vez que salieron por la puerta, observaron con horror como muchas casas a la redonda se convertían en escombros y nubes de polvo café, los carros se estrellaban y la gente moría de diversas formas, unos aplastados, unos atropellados y otros desaparecían entre aquellas polvaredas de tierra; minutos después el terremoto había cedido, sin embargo el paisaje era desolador.
En otra parte…
“¿Dónde esta Ignacio?”, dijo la gerente del área, pues Emilio se había confiado y tenia mucha gente que atender, por lo cual mencionó: “Esta en la cámara de congelación cortando carne jefa.”, la gerente dijo enfadada: “Después corta la carne, que salga a ayudarte.” y de ese modo se abrió paso a la puerta de la cámara de congelación, pero cuando la abrió, una peste emano de ella y se cubrió la boca, después miró a Ignacio, quien empapado en sudor, sin su camisa y cortando pedazos de carne flácida que caían al piso haciendo un ruido asqueroso, se quito el tapabocas y dijo: “Hola Jefa, ¿En que le puedo ayudar?” y la mujer dijo: “¿Qué carajo es esa peste, por que se esta pudriendo la carne?” e Ignacio dijo: “No lo se, si acaso se apago el sistema de congelación…”.
La gerente lo vio con odio, salio del cuarto y vio que el sistema estaba funcionando perfectamente, solo que estaba a 40 grados, ¡¡¡arriba de cero!!!
Ignacio salió y la gerente antes de decirle algo, miró sus brazos y se dio cuenta de que portaba múltiples tatuajes, “¿Qué es esto? ¿La cárcel?, nos has visto la cara de estupidos, sabes que no se permite que los empleados porten esas vulgaridades.”, Nacho repeló diciendo: “No es ninguna vulgaridad, es arte.”, a lo que la dama enfurecida dijo: “Cállate y cúbrete los brazos, en este momento vas a pasar a firmar tu renuncia Ignacio.”, y cuando la gerente salió del área de carnes, volteó a ver a Ignacio, alzó la mano para decir algún improperio, pero antes de que pudiera decir algo, un enorme plafón con una luz bastante grande integrada, la aplastó como mosca en una ráfaga de segundo.
De pronto ante la mirada atónita de Ignacio y los allí presentes, el supermercado empezó a tambalearse, plafones y anaqueles caían por todas partes, la gente corría frenética, algunos aprovechaban para meter todo lo que pudieran a sus carritos y salir corriendo del supermercado, sin embargo algunos sufrían la misma suerte que la gerente de Ignacio.
Ignacio observaba con incredulidad aquellos hechos, mientras que su compañero le gritaba desde lejos que se moviera, cuando de repente Ignacio vio a la niña del vestido blanco caminar sobre un pasillo, por lo cual salió corriendo para protegerla, pues sentía un poderoso instinto de deber hacerlo, no obstante un hombre corriendo con un coche de supermercado lleno de artículos al azar, lo golpeó al ir corriendo abriéndose paso a través de la tienda.
La niña caminaba observando tranquilamente como todo se venía abajo y su madre, en otro pasillo gritaba: “Hija, hija ¿Dónde estás?”, pero la niña parecía estar en trance, cuando de repente, su madre, decidió usar otro método para encontrarla y gritó: “¡¡¡Sofía!!!” La pequeña volteó asustada, como volviendo de un profundo sueño.
31 de Diciembre de 2011, Ciudad de México…
Las calles estaban vacías, todo el mundo se encontraba ya en sus casas, departiendo y cenando, sin embargo él tenía algo importante que hacer.
Estacionó su motocicleta a las afueras de aquel enorme edificio, después se acercó a una entrada cubierta por ramas y basura y sigilosamente se dirigió a una puerta que parecía estar sellada.
El hombre de negro subió por un elevador y se detuvo en el último piso, para después subir por unas escaleras secretas.
Al llegar a su destino, se detuvo a contemplar a través de los cristales rotos del ventanal, como la ciudad yacía hermosamente iluminada.
“Es muy tarde, ya es para que estuvieras cenando con tu familia.”, dijo una voz masculina, a lo que el hombre de negro respondió: “Ya cené con ellos, les dije que tenía que ir a celebrar con una chica con la que he estado saliendo.”.
“Pero si tu no has salido con nadie desde hace años.”, comentó aquel hombre que se refugiaba en las sombras de aquel piso.
“Dije eso para que no fuera tan sospechoso que me saliera a las 11 de la noche para venir a verte.”, dijo el tipo enfundado en pantalones de piel negra, chamarra del mismo material y color y de ojos grandes.
“Pues que bueno que estas aquí, te tengo buenas noticias, logré colarme a la red de cámaras de vigilancia del metro, y ayer en la estación que esta saliendo de la Central de Autobuses, encontré a la niña y a su madre, llegaron a altas horas de la noche, tomaron el último tren y bajaron en el centro, una muy mala opción si es que querían pasar desapercibidas.”, dijo el informante.
“¿A dónde fueron después, tienes algo de que se hayan movido hoy?”, preguntó él, a lo que el informante le entregó una foto y después dijo: “Se introdujeron al metro por la mañana, llevaban maletas y bajaron en la estación del toreo, después revisé las cámaras que delimitan el perímetro y descubrí que tomaron un autobús con dirección al norte, seguramente van a buscar un hotel y víveres.”.
“Gracias Jorge, eres demasiado eficiente para estar trabajando gratuitamente en esta fecha y a esta hora.”, dijo el hombre de negro, a lo que Jorge respondió: “Es gratuito pero el fin es lo que cuenta, más vale que mañana busques hoteles y supermercados por el área norte de la ciudad, se lo que te digo. Buena suerte y feliz año René”.
René caminaba a prisa por aquel supermercado, buscando con la mirada entre anaqueles y pasillos, cuando de repente se detuvo a ver algo que le llamó la atención.
Se encontraba viendo la sección de automóviles, había algunos anaqueles de interés para él, sin embargo se detuvo a ver una preciosa motocicleta que estaba allí expuesta, cuando de pronto, todo comenzó a temblar y se sostuvo de la moto para no caer al suelo.
Fue entonces que escuchó a lo lejos: “¡¡¡Sofía!!!”, de ese modo, de una manera bastante sorpresiva, comenzó a correr por los pasillos derrumbándose, mientras tanto, Ignacio vio como Adriana llegaba corriendo a proteger a la niña, pues un estante de garrafones de agua se tambaleaba detrás de ellas, así que se reincorporó del golpe que le había causado una persona que corría con el carrito y corrió a derribar otro anaquel para que enviara esos garrafones hacia el otro lado, sin embargo un garrafón se cayo antes de que Ignacio se lanzara con su cuerpo hacia ellos.
Era muy tarde, un garrafón estaba a punto de caer en las cabezas de Adriana y Sofía desde una gran altura, cuando de pronto se escuchó un disparo y el garrafón estallo en el aire, mojando únicamente a madre e hija.
El temblor cesó, sin embargo todos estaban atónitos; en ese momento Adriana y Sofía voltearon a sus espaldas y vieron a un extraño hombre, enfundado con pantalones de cuero negro, chamarra de motociclista, moreno, alto y con una mirada sumamente penetrante y pesada, sosteniendo una pistola.
Adriana tomó a su hija de la mano y dijo: “Déjanos en paz, ¡¡¡Lárgate!!!!” y se hecho hacia atrás, más el tipo se guardo atrás el arma y dijo: “Tiene que venir conmigo”, Adriana repuso: “Jamás, primero tendrás que matarme.”, el tipo la miro y meneo la cabeza en signo de negación y se intento acercar a ellas, cuando Ignacio se reincorporó y con cuchillo en mano dijo: “Si las tocas te mueres.”, el hombre lo miró y sonrió diciendo: “Yo traigo una pistola gordito.”, pero Ignacio no se inmuto y comenzó a caminar hacia él con el cuchillo, pero el tipo se puso sus gafas oscuras, dio media vuelta y se fue rápidamente del lugar, pues la gente comenzó a reunirse a su alrededor, no sin antes decir: “Ya se dónde están, tarde o temprano tendrán que venir conmigo, de lo contrario será por la fuerza.”.
René se marchó rápidamente del lugar, aprovechando la confusión que había dejado el terremoto, pues en otras circunstancias hubiesen cerrado el supermercado hasta que llegara la policía.
Ignacio volteó a ver a las mujeres y se le quedo viendo a la madre, entonces dijo: “¿Adriana?” y ella lo miró con sorpresa diciendo: “¿Te conozco?” e Ignacio sonrió y dijo: “Sí, del Restaurante de Hamburguesas, era amigo de Gabriel.”, Adriana se quedó impactada cuando escuchó ese nombre y Sofía la tomó de la mano y la empezó a jalonear, diciendo: “El noz puede llevar con Gabriel, mami, ve con el para que te lleve con Gabriel.”, sin embargo Adriana la sostuvo de los brazos y dijo: “No Sofía, no vamos a buscar a nadie, nos vamos ya.”, dicho eso, ambas se fueron rápidamente del lugar, dejando a Ignacio sumamente extrañado.
En otro lugar, minutos antes…
Corría por las escaleras del metro, parecía llevar mucha prisa a pesar de que no había gente en la calle, Jerónimo parecía estar apurado por llegar temprano a cierto lugar, pues incluso cuando vio que el metro venía llegando en dirección a la que el iba, corrió, lanzó el boleto a los pies del policía y salto los torniquetes, casi se le cierra la puerta del metro en la cara, si no es por que se derrapó a medio camino.
Una vez adentro, Jerónimo tomó un lugar al azar, por que el vagón venia casi vacío, solamente estaba un hombre extranjero, un policía, un hombre mayor calvo y de traje, de esos que llevan su portafolio con cadena y una muchacha con su bebé en brazos.
A Jerónimo, al ver a la muchacha le pareció que el tiempo se había detenido, ella era hermosa para sus ojos, morena, de cabello negro hasta los hombros, con un dejo de medio oriente, con una mirada totalmente hindú aunque seguramente era latina, portaba ropas color negro, una falda tableada estilo escocés de tonos verdes, un top color negro de tirantes blancos y una chamarra de cuero negra.
Aquella mujer jugaba tiernamente con su pequeño hijo, el cual era muy parecido a ella.
De tanto en tanto el volteaba a verla y ella lo miraba y le sonreía, pero bajaba la mirada con timidez, cuando de repente, sonó el celular de la joven y el dejó de prestar atención, sin embargo, se le escuchaba alterada: “Estoy bien, deja de molestarme, ya te dije que no vas a ver a tu hijo… Cuando encuentres un trabajo… Si se ve que lo amas… ¿Dónde estas?... Voy para allá, ya me harte de…” sin embargo, en ese momento colgó el celular y el policía se le acercó preguntando: “¿Tiene algún problema señorita?” y ella sonriente le dijo que no, dicho eso, el policía empezó a bromear con ella y de paso a flirtear.
Jerónimo miró para otra parte y suspiró, cuando de repente, todo se sacudió, la luz se fue y todo se puso negro…
Una noche antes…
Esa tarde, poco antes de que la familia se reuniera a celebrar el año nuevo, Jerónimo arribo a su casa con algunas compras de último minuto para la cena.
Jerónimo se llevó una gran sorpresa al ver que Francisco estaba allí, había llevado una botella de sidra, pues esperaba pasar el año nuevo con la futura madre de su hijo y su familia.
“¿Qué hace el aquí?”, dijo un molesto Jerónimo, mientras que Francisco contestó: “¿Cómo estás Jerónimo?”.
“¿Qué hace el aquí?”, insistió Jerónimo, ante lo cual, su madre expuso: “Francisco ha decidido que se encargará al 100% de Mercedes y del niño, quiere disculparse por haber estado ausente. Sus motivos son muy validos, es joven y estos últimos meses se la ha pasado pensando en la situación, finalmente lo ha decidido.”.
“¿Qué es lo que ha decidido?”, preguntó Jerónimo en un tono bastante hostil.
“¿Qué acaso no te da gusto? Esto era lo que tu deseabas, que me hiciera cargo.”, dijo Francisco, pero Jerónimo no le creía nada, había algo en su tono de voz que no le inspiraba nada de confianza, algo andaba mal.
“No seas hipócrita Francisco, ¿Qué es lo que realmente quieres? ¿Demostrarnos a todos que eres un tipo responsable por el simple hecho de venir en una fecha como esta? ¿Qué evita que piense que mañana te dará lo mismo y dejes a mi hermana a su suerte?”, preguntó él, a lo que Mercedes respondió: “Ya basta hermano, las intenciones de Francisco son muy nobles, no deberías tratarlo así.”.
Jerónimo sabía que algo andaba mal, estaba seguro. Era muy difícil que un sujeto como Francisco pudiera acceder a lo que el mismo ofrecía en esos momentos.
“Lo siento, pero yo no pasaré el año nuevo al lado de este hipócrita.”, dijo Jerónimo, acto seguido dejó las cosas que había comprado sobre la mesa y abandonó la casa.
Jerónimo pensó en buscar a alguno de sus amigos viciosos, para pasar una noche llena de alcohol y marihuana, más cuando iba a subirse al último camión de la noche, se detuvo y regresó sobre sus pasos. Decidió que mejor esperaría afuera de su casa hasta que Francisco la abandonara. Después lo seguiría y hablaría con el a solas.
01 de Enero de 2012, Segundos después del Terremoto…
Ana parecía no estar afectada, mientras que César gritaba por su madre, la gente se acercaba pero nadie a prestar ayuda, pues todos se encontraban desubicados, hablando por teléfono y observando los daños, analizando en que podría afectar el terremoto a sus viviendas, como si todos fueran arquitectos.
De pronto un hombre salió corriendo hacia donde estaba el auto de la madre de Ana y César. El era alto, moreno, con gafas oscuras y bigote, Ana lo reconoció, era el padre de Gabriel, Eduardo y Mauricio, quien se acercó al auto y le pidió a César que quitara a los perros que se encontraban ladrando, le extendió las llaves de su auto a Ana y dijo: “Ve por mi botiquín, esta en la cajuela.”, Ana se quedo mirando como el padre de los hermanos Mendoza analizaba el daño, cuando entonces el señor dijo: “¿Quieres que sobreviva? Apresúrate con el botiquín.”, dicho esto Ana corrió por el.
El policía de la unidad habitacional saco unas pinzas y se las dio al señor Mendoza, quien las ocupó para destrozar el volante, pues la cabeza de la madre de César estaba atrapada entre el poste y el volante; una vez roto, le pidió a César y al policía que entre los tres empujaran el poste, dicho eso y después de un gran esfuerzo, lograron tumbar el poste a un lado. Fue entonces que el señor Mendoza sacó a la madre de Ana y César, pidiéndole a este último que la cargara de las piernas. “¿Se va a salvar?” preguntó César con lágrimas en el rostro, pero el señor no hizo caso, solo tomo el botiquín y sacó agua oxigenada, la cual vació en la herida de la nuca de la señora y revisó el daño de la frente, lo cual era una herida menor, no obstante el problema radicaba en que tenía las clavículas rotas y tenía también hemorragias, por lo tanto necesitaba un cirujano en ese momento.
“¡Mamá, perdóname!”, gritaba César.
31 de Diciembre de 2011…
“Lamento la actitud de mi hija Gustavo.”, dijo Malena, quien había regresado a la mesa tras haber despedido a su hija.
“No te preocupes querida, a veces las ovejas del señor pierden su camino.”, dijo el sacerdote, pero César picó con su tenedor una papa y después dijo: “No, de hecho mi hermana tiene razón, usted no es de la familia, técnicamente hablando, y es que el hecho de que usted tenga una relación sentimental con mi madre, no le da derecho a ser parte de nosotros.”.
El Padre Gustavo y Malena no creían la insolencia que César había sido capaz de efectuar, así que esta última dijo: “Es la segunda y última vez que dices una tontería así, me estas faltando al respeto.”, “A tu santa madre y a la santísima iglesia católica, apostólica y romana.”, añadió el padre.
“Mi madre no tiene nada de Santa al estar acostándose con usted, la iglesia tampoco es santa por tener bajo sus filas a gente como usted, ¿O acaso cree que por que mi madre se llama María Magdalena es igual que la mujerzuela que mencionan en la biblia?, ¿Quiere purificarla de sus pecados o es usted quien lanza la primera piedra?”, dijo un sumamente sarcástico César.
Malena no creía lo que estaba escuchando, pero antes de que pudiese decir algo, el Padre se levantó y abofeteó a César, quien no importándole el rango eclesiástico de Gustavo, le propinó un puñetazo en el ojo, haciéndolo que automáticamente regresara a su silla, sin embargo César se retiró a su habitación y se encerró, escuchando como su madre gritaba que debía marcharse de su casa.
Metro de la Ciudad de México, 01 de Enero de 2012
Jerónimo recobró el conocimiento y la luz del vagón parpadeaba, todo estaba callado, cuando de pronto escuchó el llanto de un niño y a su madre tratando de calmarlo, mientras tanto el policía se incorporó y le preguntó si estaba bien a la madre, el hombre extranjero no entendía que sucedía y el hombre de traje gritaba: “Todos vamos a morir aquí, maldito sistema obsoleto, esto hacen mis impuestos.”, sin embargo el pequeño seguía llorando, su madre sin prestar atención al policía decía: “Yadier, calmate por favor, nene, aquí estoy, no te va a pasar nada.”, cuando de pronto, el hombre de traje grito violentamente: “¡¡¡Calla ya a tu hijo carajo, no nos podría ir peor, no me deja pensar que hacer!!!”, en ese instante, el policía lo empujo y le dijo: “Mas respeto señor, estamos en una situación de emergencia.”, entonces el señor le quito la mano y dijo: “Suéltame puerco”, Fernanda observaba atónita, sin embargo trataba de alejarse del pleito y justo en ese momento, el policía amenazó con esposar al señor, mientras que Jerónimo le pidió al extranjero que le ayudase a quitar la escalera del vagón, pues del otro lado no se veía nada, estaban a medio camino y no había señales de otras personas, el impacto había sido abrumador, sin embargo Jerónimo volteó cuando escuchó un disparo y lo primero que vio fue al policía abatido con una bala en la frente, el hombre de traje ahora apuntaba al pequeño Yadier, gritándole a Fernanda: “Cállalo ya o lo mato”.
“Por favor, déjenos en paz, no le hemos hecho daño a nadie.”, suplicó Fernanda, quien se aferraba con fuerza a su hijo de 6 años llamado Yadier.
31 de Diciembre de 2011, Ciudad de México…
“¿Va a venir mi papá?”, preguntó el pequeño Yadier, quien miraba anhelante a su madre.
“No hijito, tu papi tiene trabajo, pero no te preocupes, seguro pronto lo veras.”, dijo Fernanda mientras acariciaba la cabeza de su pequeño.
Fernanda había comprado un pollo frito y un refresco de cola, esa sería su cena de año nuevo en compañía de su hijo y tal vez de su padre, quien trabajaba de taxista, lo cual hacía que probablemente no llegara a la cena debido a la demanda de ese servicio.
Por otro lado, el papá de Yadier, Cristian, era un sujeto que pocas veces había interactuado en la vida del niño, mismo que esperaba con ansías ver a su padre, el cual no se encontraba trabajando como Fernanda le había dicho, sino probablemente poniéndose sumamente borracho y drogado con sus amigos criminales, sin embargo, aquella fría noche, ella estaba equivocada.
Tocaron a la puerta de manera violenta, hecho que despertó a Fernanda, quien se había quedado dormida sobre la mesa, pues había cenado con Yadier horas atrás, no obstante decidió esperar a que llegara su papá.
“¿Papá, eres tú?”, preguntó confundida Fernanda, y cuando se acercó a mirar por el ojillo, notó que se trataba de Cristian, quien empapado y jadeando cual perra en brama, golpeó de nuevo la puerta y dijo: “¡Entrégame a mi hijo estúpida!”, acto seguido tomó impulso y de una patada rompió la puerta.
Fernanda cayó de espaldas, mirando horrorizada como Cristian tomaba un bat de baseball y la amenazaba con él: “¡Con un carajo, dame a mi hijo!”, gritó.
Yadier comenzó a llorar al escuchar desde su cuarto aquellos gritos de odio, lo que no se imaginaba es que se trataba de su padre, quien alterado por los efectos de la cocaína mezclada con quien sabe que otras sustancias, había creído que debía de ir por su hijo.
Fernanda tomó una botella de cerveza que había debajo del sofá y se la lanzó al rostro a un colérico Cristian, quien intentó cubrirse con el bat, lo cual hizo que Fernanda se incorporara y tomara aquel palo de madera.
Ambos forcejearon, hasta que Fernanda logró tomar otro pedazo de botella y encajárselo en la mano, para así robarle el bat y golpearlo en la cabeza con el.
Cristian cayó derribado, así que Fernanda aprovechó para huir acompañada de su hijo, quien no entendía lo que había sucedido.
Jerónimo tomo la escalera, corrió hacia el tipo de traje y se le abalanzo con ella sobre la cara, el arma salió volando y rápidamente el tipo extranjero la tomo y la arrojo por una ventana, mientras Jerónimo le recetaba una golpiza al tipejo que había amenazado a Fernanda.
“¿Estas bien?”, preguntó Jerónimo, a lo cual Fernanda, abrazando a su hijo, dijo: “Lo mató…”, Jerónimo intercambio miradas con el extranjero y entre los dos abrieron la puerta del vagón, poniendo la escalera en medio, entonces le pidió a Fernanda que lo siguiera y que agarrara fuerte a su hijo y así los cuatros se abrieron paso por los túneles, viendo que en los otros vagones la gente también comenzaba a abandonarlos, no obstante en algunos no se veía ningún movimiento, Jerónimo se preguntaba si habían sobrevivido en aquellos vagones.
Tijuana, Baja California, ese mismo día.
Ricardo y su padre se encontraban revisando las paredes de la casa, las cuales no parecían estar muy afectadas, no obstante muchos de sus vecinos habían perdido sus viviendas.
“¿Cree que la casa aguante? Por que si hay réplica, no se que vaya a…” decía Ricardo, cuando de pronto su padre lo interrumpió argumentando: “No se preocupe Mijo, la casa va a aguantar, recuerda que soy un excelente carpintero, voy a estar bien.”, dicho eso, Ricardo lo miró extrañado y preguntó: “¿Por qué lo dice Papá?”, a lo cual el señor dijo: “No te preocupes por mi hijo, si quieres marcharte a México hazlo, no dejes que esto que sucedió te detenga, yo me se cuidar solo, al fin y al cabo he estado mucho tiempo solo y uno se acostumbra.”.
Ricardo abrazó a su padre y le prometió que lo visitaría frecuentemente.
Ciudad de México, el mismo día…
Mauricio y Paki arribaron al café, donde mucha gente yacía afuera, con las cabelleras llenas de tierra, entonces Mauricio corrió al lugar mientras que un policía le dijo que esperara, pero Mauricio lo miró y dijo: “Es mi mamá y mi abuela”, y fue a ver si podía meterse, sin embargo reconoció a una mesera que era amiga de su madre y le dijo: “¿Sabe si estaban allí dentro?”, y la mesera lo miró con la cara llena de tierra y con los ojos rojos, diciendo: “Si, lo siento mucho.”, Mauricio la miro impresionado y se fue directo a las ruinas.
Mauricio vio un hoyo, el cual podría ser inestable, sin embargo no le importó y con muchísimo miedo, se adentró, diciéndole a Paki: “Necesito que encuentres a mi mamá y a Teté, yo se que puedes muchacha.”, acto seguido Paki se lanzó corriendo y se perdió entre los escombros.
Una vez adentro y tras pasar el pequeño túnel que habían formado los escombros, vio a media luz que casi todas las paredes estaban destruidas, así que gritaba el nombre de su mamá, pero no había respuesta, de repente escuchó ladrar a Paki, entonces se dirigió en esa dirección.
Al arribar a dónde estaba Paki meneando la cola, escuchó también la voz de su madre: “Mauricio, ¿Qué haces aquí?”, y debajo de una mesa, salio su madre, con algo de polvo en la cara y el cabello, pero no se veía herida más que por una rasgadura leve en la frente, “Tu abuela fue al baño, cuando todo sucedió...”, dijo llorando, Mauricio miró el camino hacía el baño y notó que se veía bastante dramático, algunos otros sobrevivientes salían quejándose de esa dirección, así que le pidió a su madre que saliera de allí.
La madre tomó del brazo a Mauricio y le dijo: “No vayas, es demasiado tarde”, pero Mauricio no obedeció y le dijo que saliera de allí con Paki, que ella conocía el camino de regreso, dicho eso se encamino hacía los baños.
Mauricio vislumbró una apertura y se asomó por allí, vio que su abuela estaba debajo de una puerta, entonces inquirió: “Teté, ¿Estás bien?”, a lo cual la anciana respondió: “Creo que tire la puerta y me la van a cobrar.”, Mauricio se rió por un momento y pretendió seguir con la farsa diciendo: “No te van a cobrar nada, dame la mano, extiéndela.”, de ese modo la abuela alcanzó la mano de su nieto y la apretó fuerte, mientras ella dijo quejándose: “Hay otra señora allí, un pedazo de techo se le cayó encima.”, Mauricio intento acercar la mirada y vio unas piernas ensangrentadas que salían debajo de unos escombros, sin embargo evito imaginarse si estaba viva o muerta y se concentro en ayudar a su abuela.
Afuera del lugar, María Teresa, la madre de Gabriel, Eduardo y Mauricio, lloraba desconsolada, pues un tipo decía que la estructura se iba a colapsar, entonces ella mencionó que regresaría por ellos, más la mesera le dijo que eso era demasiado peligroso. De repente la estructura se vino abajo y una gran polvareda se alzó… “¡¡¡Mauricio!!!”, fue el grito que opacó la conmoción y las sirenas de las ambulancias, acompañado de los ladridos de Paki.
Los Ángeles California, ese mismo día…
Alberto y Hai Ping caminaron toda la madrugada hasta que al amanecer arribaron a casa de esta última, donde Alberto se despidió diciendo: “Lamento lo que sucedió, te juro que no estaba conciente de que fui bastante rudo ayer, prometo que no se volverá a repetir, sabes que nunca te haría daño Hai, yo te amo.”, entonces la mujer con piel de porcelana dijo: “No te preocupes Alberto, ya hablaremos de esto después, por ahora solo tengo mucho sueño, además sería prudente que fueras a casa a llamar a tu familia en México, me parece haber escuchado a unas personas mientras caminábamos diciendo que el sismo se había extendido por todo México.”.
Alberto miró preocupado a su novia y no sin antes darle un beso, dio media vuelta y camino a su casa, abriéndose paso por un camino lleno de hogares caídos, estructuras destruidas y sueños rotos.
La ciudad de México, así como muchas otras ciudades alrededor del mundo, acababa de ser vapuleada por un terremoto, aun más fuerte que el registrado en 1985, las perdidas humanas parecían peores que aquella ocasión, todo en derredor era destrucción, polvo, y muerte.
Jerónimo salió del metro, abrazando a Fernanda y a Yadier, ambos miraban a su alrededor toda la destrucción, ahora entendían el choque del metro.
César estaba hincado en la acera, con el rostro en lágrimas, mientras su hermana Ana lo abrazaba, mirando como el señor Mendoza realizaba desesperadamente la reanimación cardio - pulmonar, sin embargo el policía lo detuvo y dijo: “Ya murió.”, mas el señor golpeaba crudamente el pecho de la madre de los hermanos Herrera, pero era tarde, Magdalena había muerto.
Ignacio caminaba entre los escombros de la tienda, muchos amigos suyos habían muerto y gente que tal vez no era su amiga, pero los veía a diario.
Ignacio escuchó gritar su nombre, se trataba de su esposa y su hijo, quienes esquivaban a los de seguridad, corriendo frenéticamente en búsqueda de su esposo, quien estaba sano y salvo, al menos físicamente.
Adriana y Sofía caminaban por la calle, cuando de repente una motocicleta pasó junto a ellas, era aquel hombre enfundado de negro, quien las saludo con la mano y siguió su camino. “No dejare que esa gente te lleve hija.”, dijo Adriana escondiendo a su hija detrás de ella, entonces Sofía dijo: “No mami.”, dicho eso, Adriana la abrazo y se la llevó cargando.
A lo lejos, el hombre de la moto bajó de ella, prendió un cigarro y saco su teléfono: “Jorge, soy René, ya las localicé, tenías razón aunque será más difícil de lo que pensé… Oye, tu familia esta bien ¿Verdad?... Ya voy para allá, mientras tanto, asegurate de que mi familia este bien… OK... me llamas.”, dicho eso, se montó en su vehículo y se marcho del lugar.
La mesera sujetaba a María Teresa, misma que lloraba como nunca sin embargo de entre la polvareda que se levantaba apareció Mauricio, cargando en brazos a su abuela, la cual llevaba los lentes llenos de polvo. La mesera dijo: “¡¡¡Señora García!!!”, y la abuela respondió: “Después de esto cada vez que venga va a ser gratis ¿Verdad?” y ambas rieron, mientras que María y Paki veían a Mauricio, quien tenía la cara llena de polvo, pero sonreía.
Eduardo arribó a la Ciudad de México, bajando del autobús que se había detenido justo en el periférico, pues un gran caos se levantaba frente a él.
“Todo esto… yo les pude haber advertido.”, pensó, pues mientras dormía en el camión durante el trayecto, tuvo de nueva cuenta una extraña visión:
Eduardo viajaba asomado por la ventana del autobús, a través del vidrio observaba una ciudad triste, en donde la luz se reflejaba con tintes sepias, embadurnando cada estructura, las cuales se erigían entre un brumoso cielo contaminado.
Eduardo observó un anuncio espectacular, de esos que abundan en el periférico, el cual mostraba a una modelo en ropa interior, misma que era hermosa, no obstante se percató de que algo andaba mal, creyó ver de reojo que los ojos le sangraban.
Eduardo abandonó el vehículo y se detuvo a ver dicha imagen: Era cierto, de la tela del anuncio escurría sangre, proveniente de los ojos de aquella mujer, de repente, la ciudad comenzó a venirse abajo y él solo escuchaba gritos desgarradores por todo el lugar.
Un viajante tuvo que despertarlo, pues había comenzado a sudar y gemir de manera preocupante, “Le estará dando un ataque.”, pensó el desafortunado acompañante, más Eduardo despertó de un salto y miró a su alrededor, sintiéndose meramente confundido.
En otra parte
“Mi amor, si… estaré allá en cuanto pueda… Que bueno que estés bien… solo fue un susto… yo también estoy bien Pam.”, decía Gabriel mientras hablaba por teléfono con su novia, quien había sido sorprendida por el terremoto mientras dormía en su departamento.
Mientras Gabriel trataba de tranquilizar a su novia, se dio cuenta de que Johanna subió corriendo a su auto, así que Gabriel dijo: “Mi vida, te veré al rato, tengo que irme.”, así que colgó la llamada y corrió a alcanzar a Johanna, quien se estaba arrancando del lugar.
“¿A dónde crees que vas?, necesito que te hagas responsable de lo que sucedió, este traje me costo varios meses de esfuerzos y tu solo me atropellas y te marchas como si nada…”, Gabriel interrumpió su charla, mientras Johanna manejaba y decía: “No tengo tiempo para esto, se acaba de caer la ciudad y tu preocupándote por un estúpido traje, déjame en paz por favor, tengo que ver si mi familia esta bien.”, Gabriel sonrió y la miro, pero ella solo veía hacia el frente, entonces dijo: “Ya sé, en recompensa llévame a mi casa, claro después de ir a ver a tu familia, ¿Esta bien?”, ella prendió el auto y dijo: “Esta bien, pásame mi bolso que está en el asiento de atrás.”.
Johanna manejaba sumamente rápido, mientras que un dolorido Gabriel buscaba entre los papeles y chucherías que aquella misteriosa mujer llevaba en ese lugar.
Gabriel al fin la encontró, pero una botella de vodka medio llena rodó detrás. “Veo que te gusta la fiesta”, ella tomo la bolsa y saco su celular, pero nadie le contestaba así que lo lanzó hacía la parte de atrás de nuevo y dijo: “No importa ya estamos aquí, solo espero que…”, dicho eso, Johanna se frenó bruscamente y bajó del auto, Gabriel la siguió y dijo: “¿Qué pasa?”, y lo único que vio, fue a Johanna, postrada ante una montaña de escombros, ella volteó llorando y dijo: “Aquí vivía mi madre…”

